Síntomas y tratamiento del Moquillo en Perros

Síntomas y tratamiento del Moquillo en Perros

Síntomas y tratamiento del Moquillo en Perros

Síntomas y tratamiento del Moquillo en Perros

El moquillo en perros, o también llamado distemper, es una enfermedad altamente contagiosa que afecta principalmente a los perros cuando son cachorros, aunque también pueden verse afectados animales como los zorros o los hurones. Los gatos están a salvo ya que no les afecta este tipo de virus en concreto. Ellos pueden padecer otro tipo de virus, el moquillo felino, que nada tiene que ver con el canino.

1) Infección

Es una enfermedad de distribución mundial, que afecta a animales de todas las edades, siendo particularmente vulnerables tempranamente y en la vejez, donde, entre otra sintomatología, produce un cuadro que se conocía como «encefalitis de los perros viejos».

Se transmite por el aire y mediante el contacto con fluidos corporales infectados, incluyendo comida y agua contaminados por estos fluidos.9​ El periodo de incubación es de 14 a 18 días, aunque puede haber fiebre de tres a seis días tras la infección.10​ Es importante aislar al animal contagiado de los demás, para evitar la difusión de la enfermedad.

El virus del moquillo tiene un tropismo por los tejidos linfáticos, epiteliales y nerviosos. Por tanto, las características patológicas típicas incluyen depleción linfática (provocando inmunosupresión y llevando a infecciones secundarias), neumonía intersticial, encefalitis con desmielinización, e hiperqueratosis de las almohadillas plantares. El examen histológico revela cuerpos de inclusión eosinofílicos intranucleares e intracitoplasmáticos, en numerosos tejidos.

2) ¿Cómo se contagia el moquillo canino?

En la educación de la mascota se debe incluir: horarios de comidas, de salidas, espacios donde puede dormir, elementos con los que puede jugar, el lugar donde hacer sus necesidades, etc. Que aprenda todas estas cosas garantiza una buena adaptación del perro al hogar.

3) NO DEJES OBJETOS PELIGROSOS A SU ALCANCE

El contagio del distemper canino es más fácil de lo que parece. El virus del moquillo se trasmite por secreciones corporales, como son los mocos y las lágrimas, que sueltan nuestros perros por el ambiente.

Esas pequeñas gotitas aparentemente inofensivas que aparecen cuando el perro estornuda o tose, están infectadas con el virus y son las que hacen que el contagio se produzca.

Entre perros que viven juntos es muy difícil evitar el contagio. Una persona que solo tiene un perro pero que lo saca a pasear y se junta en el parque con otros perros, debe tener cuidado y estar atento, pues ahí también se suelen producir muchos de los contagios.

4) Sintomatología

Los síntomas dependen de la acción directa del virus sobre los órganos o tejidos afectados y de las bacterias que proliferan en los mismos. De acuerdo con el sistema comprometido, podemos clasificarlos en:

Generales

  • Fiebre, de tipo bifásico, con un aumento en el comienzo de la enfermedad, para después ceder y volver a aparecer ante la presentación de las infecciones bacterianas secundarias. En este periodo es cuando se recomienda realizar las pruebas diagnósticas.
  • Pérdida de apetito.
  • Decaimiento general.
  • Pérdida de peso.
  • Deshidratación.

Respiratorios

  • Descarga nasal, que varía de serosa a mucopurulenta.
  • Tos.
  • Disnea (dificultad respiratoria).

Oculares

  • Edema de córnea (ojo azul).
  • Conjuntivitis con descarga ocular (lagañas).
  • Queratitis seca, producto de la acción del virus sobre las glándulas lagrimales.
  • Úlcera de córnea.

Digestivos

  • Vómitos.
  • Diarrea.

Cutáneos

  • Hiperqueratosis (endurecimiento) de las almohadillas plantares.​
  • Erupciones.

5) ¿Una persona puede contagiar a un perro de moquillo?

Por raro que parezca la respuesta es sí. Si mantenemos contacto con perros infectados por moquillo, el virus del distemper se puede quedar impregnado en nuestra ropa, incluso en nuestra piel y puede ser portado a otro animal, llegándole a infectar.

Aunque suele ser difícil que se dé el caso, es mejor prevenir. Lavarse las manos es un buen inicio, sobre todo si trabajas o eres voluntario en algún centro canino.

6) Tratamiento

Dada la dificultad de contrarrestar al virus causante de la enfermedad, el esfuerzo debe dirigirse a paliar la sintomatología y brindar apoyo terapéutico para permitir que el animal desarrolle sus propias defensas. No obstante, algunos recomiendan el uso de azatioprina, sustancia inmunosupresora, que funcionaría como antivírico, con buenos resultados.

No hay un tratamiento específico para el moquillo. El enfermo deberá ser tratado por un veterinario, normalmente con antibióticos para las infecciones bacterianas secundarias, fluidos hidroelectrolíticos, suplementos vitamínicos y nutricionales, y tratamientos puntuales para el tipo de síntomas presentes: mucolíticos y expectorantes para los signos respiratorios; antieméticos y antidiarreicos, para los digestivos, etc. De los signos neurológicos de posible aparición, solo las convulsiones tienen tratamiento efectivo.

7) Prevención

Todos los animales susceptibles deberían recibir dos o más dosis de una vacuna contra el moquillo, o combinada, durante su etapa de desarrollo, entre la sexta o séptima semana de edad hasta los tres o cuatro meses, y luego ser revacunados anualmente durante toda su vida. Existen en el mercado diversos tipos de ellas para perros y hurones domésticos, que en algunas jurisdicciones son obligatorias para las mascotas.

Los animales afectados, de ser posible, deben ser puestos en cuarentena, aislados de otros individuos de su especie por el tiempo que esparza el virus.

El virus se destruye en el entorno mediante limpieza rutinaria con desinfectantes, detergentes o secado. Aunque no sobrevive en el ambiente más de unas pocas horas a temperatura media (20-25 °C), sí puede hacerlo durante varias semanas a temperaturas ligeramente superiores a la de congelación.

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